
Los austríacos siempre han sido un pueblo inteligente. Lograron que Hitler pasara a la historia como el diablo alemán mientras que Mozart lo hacía como el genio austríaco. Se ve que en el nuevo milenio su gobierno sigue tratando de cuidar la imagen del país...
Como nadie es capaz de ignorar, ni dos años después de que Natascha Kampusch escapara del sótano donde estuvo secuestrada durante ocho, saltó desde el mismísimo infierno a los titulares el crimen del "monstruo de Amstetten", cuyas aberraciones prefiero enlazar antes que redactar.
Días despues de conocerse algo ante lo que entran naúseas en el alma, el canciller austríaco, Alfred Gusenbauer, anuncia que su Gobierno planea iniciar una campaña de imagen para recuperar su reputación en el extranjero.
Glub. Curiosas prioridades las de este señor.
Es comprensible que el país esté conmocionado. Sería saludable que se analizara por dónde y por qué se le ha escapado al Estado de Derecho (y a vecinos, familia y conocidos de criminales y víctimas) que algunos de sus ciudadanos llevarán años o décadas de sufrimiento (sin el más mínimo respeto a sus derechos humanos y ya no digamos de ciudadanía) mientras los verdugos pagaban impuestos, cobraban sueldos o pensiones y hasta votaban (osea: ciudadanos con toditas las letras).
Pero anunciar ante una opinión pública internacional horrorizada y a un país destrozado que se va a hacer una campaña de imagen para recuperar la reputación perdida ...
No sé, Alfred, me parece que en su maravillosa tierra se ha perdido (y podría perderse) mucho más que la reputación ¿no?
Confusa, confusa