domingo, 21 de septiembre de 2008

La anorexia: el glamour de la funda de ganchillo de un botijo



Estoy hasta el esfenoides de que presuntas ex-anoréxicas guapas y triunfadoras (y probablemente bienintencionadas) presenten autobiografías a los 20 sobre el horror padecido. Una de ellas me mira hoy desde la portada de El País. Parece satisfecha.

Yo no sé:

-. hasta qué punto la visión de una heroína glamurosa post-anoréxica previene o promociona la enfermedad

-. hasta que punto la adolescente infectada por un mal que, dicen los que saben, tarda años y años en curar (si es que lo hace), puede autoproclamarse ex-enferma cuando ni frisa los 30.


La modelo y la escritora (monas monísimas y sin un gramo de sebo) cuentan lo bien que les va tras años de desnutrición física y emocional. Y yo, de veras, me alegro. Quien vive a salvo de la anorexia ve en ello un gesto sincero y solidario con vocación de "servicio publico". La anoréxica (o anorexicable) a la que pretenden ayudar es otra historia.

Quizá muchas de estas dolorosas se marquen para sus adentros un "ya, ya: si no es por la anorexia no habrías sido modelo en tu vida y tú, querida literata cuasiadolescente, a ver con qué habrías saltado a las librerías, mona. Yo estoy un tiempito no-comiendo, me quedo estupenda y luego lo dejo, para vivir el resto de mis días tal que estos bombonazos".

La anoréxica no nace. Se va haciendo (entre otras cosas) con truquitos para despistar el hambre y a la familia (al menos hasta que ya se es un irredento esqueleto). Aquí no enlazo ni jarta prozak

Muchos salen de estos libros: "Fíjate, nena, lo mal que estaba que cuando mi madre no miraba, yo...". De los programas testimonio de la tele, mejor ni hablamos: Fuente inagotable de recursos para cagarte la vida.

Celebrities ex-anoréxicas hablan de sus calvarios como los próceres hechos a sí mismos desgranan sus duros comienzos. Craso error (a mi modesto entender) que las troca en heroínas. A los 25 son mujeres presuntamente nuevas y felices. Qué suerte: sus madres a esa edad estaban bien jodidas con la mierda la enfermedad de la niña.


Ni pecado ni virtud: La anorexia es una puta desgracia traidora y cobarde, con el mismo glamour que la funda de ganchillo de un botijo. La piel gris como una butifarra, el pelo se despide de la cabeza y aterriza en brazos y piernas, los ojos se desorbitan en un eterno gesto de estúpido asombro, tienes más pellejo flojindango que un tambor pinchado y menos conversación que una madre primeriza. Un coñazo.

La de fiestas que te pierdes, la de libros que no lees, la de chicos que no besas, la de ojos en los que no te reflejas, la de puestas de sol y caricias que se te esfuman mientras tienes la cabeza metida en el water hasta el corvejón, la de bikinazos que no luces enfundada en macrojerseys "hasta que esté perfecta". Una mierda, vaya.

Pues eso. Hasta los forúnculos pilosos de escuchar lo "listas y voluntariosas" que son las anoréxicas, como santificando no sé qué martirio. Listas, pero haciendo una estupidez y, créanme, el bicho te atrapa tan rápido que la fuerza de voluntad se va por el inodoro con las primeras croquetas caseras que decides vomitar. Más inteligente y tenaz es echar palante, pero también más duro que huir del frigorífico.

Se sale. Como se puede y cuando se puede, pero se sale. Eso sí: con mucho (y pesado) trabajo y ni un gramico de glamour. Salud y suerte. Voy a volver a escuchar a Bebe ¿alguien se apunta?

2 comentarios:

Atocha dijo...

No me gusta Bebe, pero si lo que dices. La meneo http://meneame.net/story/anorexia-glamour-funda-ganchillo-botijo

Drag dijo...

Chapó, cuanta razón, guapetona!